El manantial vasco de los mil nombres

11/03/2026

Dicen que cada 13 de marzo se celebra el Día Internacional Sin Faltas de Ortografía, una fecha perfecta para recordar todos los nombres que han dado al balneario de Alzola, ya fuera por erratas tipográficas, variantes ortográficas, reinterpretaciones o denominaciones incorrectas.

A lo largo de estos últimos 250 años, médicos, cronistas y editores han citado al manantial de Alzola con todo tipo de nombres. Advertimos que algunos pueden dañar la sensibilidad ocular. Sorprendentemente, mientras las letras vacilaban, el agua mineral natural de Alzola ha seguido brotando inalterable con la misma temperatura, composición y constancia.

El nombre que intentaba explicarlo todo: el origen de Urberoaga de Alzola

Considerado el nombre oficial y correcto durante décadas por su referencia a la grafía vasca ur beroa (agua caliente). Las primeras menciones encontradas hasta la fecha sobre Urberoaga de Alzola provienen del primer médico del balneario, Gorgonio Elías Ossoro, que escribió en el Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia publicado el 31 de mayo de 1846.

El texto nos transporta a la época con un detalle casi fotográfico: la ubicación exacta junto al río Deva, la cercanía de Elgoibar, Mundaka, Eibar, Placencia, Tolosa y San Sebastián, la población local de apenas “206 almas” y la abundancia de caminos, diligencias y carruajes para llegar al balneario. Todo estaba pensado para que los visitantes disfrutaran cómodamente de su estancia.

El artículo describe con precisión la infraestructura del balneario: bañeras de piedra y zinc, piscinas capaces de albergar a doce personas, habitaciones para el descanso posterior y asistencia médica esmerada. Y, por supuesto, el agua mineral: clara, incolora, con burbujas prodigiosas y un sabor ligeramente salino. Su efecto más inmediato era la diuresis abundante, pero sus beneficios alcanzaban digestión, vías urinarias, piel y hasta afecciones respiratorias y cardíacas.

Cuando la prensa empezó a multiplicar el nombre del manantial

Entre 1846 y 1854, varios periódicos madrileños mencionan el balneario con grafías distintas, normalmente al anunciar la temporada de baños o el nombre del médico director. Cada diario parecía tener su propia versión de nuestro nombre. En pocos años aparecen formas como:

Urberoga de AlzolaEl Espectador, 14 de mayo de 1846

Urbenaga de AlzolaLa España, 29 de abril de 1849

Urberagua de AlzolaEl Heraldo, 13 de abril de 1850

Urbernaga de AlzolaEl Heraldo, 8 de abril de 1851

Usberoaga de AlzolaEl Mensagero, 13 de abril de 1854

Estas variantes muestran que la prensa aún no se había decidido por una grafía única. Más que reflejar cambios reales en el nombre de nuestro manantial, probablemente se trataba de errores tipográficos o simples confusiones ortográficas.

Un desliz de ortografía en la literatura médica: Urberoaca de Alzola

En el Boletín de Medicina, Cirugía y Farmacia publicado el 20 de julio de 1851, encontramos una descripción de los Baños Termo-Medicinales de Urberoaca de Alzola. El artículo describe con detalle la ubicación exacta del balneario —a tres leguas de Vergara, nueve de San Sebastián y setenta y dos de Madrid— y su entorno pintoresco. Se resaltaba el clima templado, la abundancia de alimentos de calidad y la atención esmerada de su arrendatario, D. Pedro Manuel de Atristain.

Pero, por supuesto, la estrella era el agua mineral. Se alababan sus propiedades medicinales: efecto diurético, alteración positiva de la sangre y beneficios notables para afecciones crónicas de las vías urinarias. Y todo esto se aseguraba, sin repugnancia al paladar, pues el agua era ligera y agradable.

Un nuevo nombre empezó a consolidarse: Urberuaga de Alzola

A partir de 1868 comienza a consolidarse otra variante: Urberuaga de Alzola. La encontramos escrita, por ejemplo, en la memoria anual de la temporada firmada por el propietario del establecimiento, D. Feliciano Martínez, redactada el 27 de mayo de ese año en cumplimiento del Reglamento orgánico de baños.

Más allá del nombre, la memoria nos habla de una etapa de transformación. Martínez explica que tomó posesión en 1861 y que encontró un establecimiento insuficiente para la numerosa concurrencia: solo cuatro pilas —dos de mármol y dos de zinc— y una piscina que ni siquiera se utilizaba por no reunir condiciones higiénicas adecuadas.

Su proyecto fue ambicioso. Amplió el número de pilas hasta catorce, diez de mármol y cuatro de zinc, habilitó gabinetes individuales con termómetro, esponjas y sábanas, incorporó un gabinete específico para chorros terapéuticos y construyó una nueva hospedería de 125 pies de largo por 30 de ancho con veintiocho habitaciones independientes, salón de reunión, gabinete de lectura, salón de descanso, comedor y oficina del médico director.

Se citan normativas, planos, cumplimiento administrativo. Y mientras el propietario firma solemnemente como dueño de las aguas de Urberuaga de Alzola, el plano adjunto sigue hablando de Urberoaga de Alzola. Las letras continúan oscilando.

Alzola: el nombre oficial a partir de 1906

No sabemos si después de décadas de despropósitos ortográficos o por diferenciarse de otras “Urberoagas” la cuestión es que finalmente el nombre se simplificó y se oficializó como Alzola.

El 30 de agosto de 1906, El Siglo Futuro publicó la noticia:

Gobernación.—Real orden disponiendo que el establecimiento balneario de Urberuaga de Alzola (Guipúzcoa) se denomine en lo sucesivo de Alzola.

Ese mismo día, la Gaceta de Madrid también recogió la orden, confirmando que el balneario pasaba a llamarse simplemente Alzola. Con esta decisión transmitida por el Ministerio de la Gobernación, el nombre quedó establecido oficialmente, cerrando un largo capítulo de variaciones ortográficas y poniendo fin a siglos de confusión en prensa y documentos.

El manantial que mantuvo su identidad entre mil nombres

Durante décadas, el manantial apareció en documentos y periódicos como Urberoaga, Urberuaga, Urberagua, Urbenaga o incluso Usberoaga, según quién lo escribiera.

Las letras cambiaban.

Los médicos, los propietarios y los periodistas también.

Pero el agua que brota en Alzola seguía siendo la misma.

Y quizá esa sea la mejor forma de celebrar el Día Internacional Sin Faltas de Ortografía: recordando que, antes de que la ortografía se pusiera de acuerdo, la historia del manantial lleva 250 años escribiéndose sola.

Como ya avanzamos en el último artículo publicado en la web de Alzola Basque Water, El manantial vasco que no tenía nombre, para los médicos franceses fue un manantial que no tenía nombre y que suscitó toda clase de controversias y debate; en cambio, para la prensa española éramos el manantial que parecía tener mil nombres. Aunque visto desde la perspectiva del tiempo y estos últimos 250 años de historia, lo más importante es que, pese a todos los nombres que nos han dado y las letras cambiantes, el agua mineral natural de Alzola permanece, dejando que sea ella quien hable y cuente su propia historia.

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Alzola Basque Water
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