El manantial vasco que no tenía nombre

26/02/2026
Extracto de La Gazette des eaux , revue générale des établissements de l’Europe. Núm. 534 (25-06-1868)

En la primavera de 1868, el manantial de Alzola ocupó las deliberaciones de una de las instituciones científicas más influyentes de su tiempo: la Société d’hydrologie médicale de Paris. Fundada en 1853 por el médico Isidore Guitard, esta institución estaba considerada una de las principales autoridades científicas europeas en el estudio de las aguas minerales y la medicina termal.

Sus miembros analizaban, clasificaban y evaluaban las fuentes mineromedicinales de toda Europa, estableciendo criterios que influían en su reconocimiento y uso terapéutico. Lo que estaba en juego no era la calidad de nuestra agua de Alzola, ya reconocida desde hacía tiempo, sino algo aparentemente menor: su nombre. Un malentendido lingüístico que puso a nuestro manantial en el centro de un debate de científicos en varias ocasiones.

La Ubernaga de Jules Lefort

Jules Lefort, miembro de la Société d’hydrologie médicale de Paris

Todo comenzó cuando el químico francés Jules Lefort (1819-1896), farmacéutico especializado en el estudio de aguas minerales, miembro de la Société d’hydrologie médicale de Paris y futuro integrante de la Académie nationale de médecine, presentó ante la sociedad el análisis de una supuesta nueva fuente mineral en Alzola. Según el documento que había recibido, la fuente se llamaba “Ubernaga”. Sin embargo, aquel nombre despertó inmediatamente las dudas de otro experto, el doctor Armand-Jean-Baptiste Rotureau, médico e hidrólogo francés encargado por el gobierno de su país de estudiar las principales fuentes minerales europeas.

La Urberoaga de Armand Rotureau

Rotureau sospechó que no se trataba de una fuente desconocida, sino de la ya documentada Urberoaga de Alzola. No en vano, él mismo había incluido el manantial cuatro años antes en su obra de referencia, Des principales eaux minérales de l’Europe, publicada en 1864, donde citaba correctamente Urberoaga de Alzola como una de las fuentes minerales de la península.

Extracto de La Gazette des eaux, revue générale des établissements de l’Europe. Núm. 523 (09-04-1868)

La Gazette des eaux

La polémica no tardó en trasladarse a las páginas de la revista especializada La Gazette des eaux, revue générale des établissements de l’Europe, donde el caso fue analizado con detalle entre el 9 de abril y el 19 de noviembre de 1868. Sus redactores fueron tajantes: “Ubernaga” no existía ni significaba nada en euskera, mientras que “Urberoaga” era un término perfectamente comprensible, formado por ur beroa, es decir, “agua caliente”.

La propia revista lo explicaría sin rodeos: la carta que había recibido Lefort estaba mal escrita, y el científico había confundido una “o” con una “n”. Aunque la revista no lo mencionaba expresamente, los errores afectaban también a la primera «r» que aparece y desaparece según quién la escriba y, al nombre de “Utilla”, cuando el topónimo correcto sabemos que es Ubilla, lo que confirma que el documento original presentaba dificultades reales de lectura o transcripción y no una simple excusa.

Extracto de La Gazette des eaux, revue générale des établissements de l’Europe. Núm. 553 (05-11-1868)

Lejos de tratarse de un simple detalle, el asunto provocó un intenso debate. Incluso Lefort llegó a responder a Rotureau con una frase tan reveladora como significativa: «Yo le concedo su Urberoaga; déjeme mi Ubernaga; así son dos». La cita, recogida en la propia Gazette, muestra hasta qué punto el científico francés defendía inicialmente la existencia de una fuente distinta, y quizás fuera así, ya que en La Gazette des eaux , revue générale des établissements de l’Europe publicada el 25 de junio de 1868, se menciona la provincia de Vizcaya.

La aclaración del Dr. D. Vicente de Urquiola

Para aclarar la situación, los médicos solicitaron información directa al doctor Vicente de Urquiola, médico director de nuestro balneario en aquella época. Su respuesta fue reveladora. Confirmó que en la región existían pequeñas surgencias termales sin explotar, como una fuente situada cerca de Marquina, pero subrayó que el término “Urberoaga” no era un nombre propio exclusivo, sino una denominación genérica utilizada en el País Vasco para designar aguas termales, siempre acompañada del nombre del lugar: Urberoaga de Guesalaga para las aguas de Cestona, Urberoaga de Alzola para las aguas de Alzola, etc.

Extracto de La Gazette des eaux, revue générale des établissements de l’Europe. Núm. 534 (25-06-1868)

Una rectificación pública documentada

La evidencia resultaba clara. La revista insistió en la necesidad de corregir el error para evitar que un nombre inexistente quedara fijado en la literatura científica. Finalmente, en la sesión del 16 de noviembre de 1868, Lefort rectificó públicamente. Reconoció que había leído mal el nombre y admitió que la denominación correcta era Urberoaga, dando así la razón a Rotureau. Con ello, la revista cerraba una controversia que había ocupado ocho meses a los miembros de la Sociedad de Hidrología Médica de París.

Este episodio, aparentemente anecdótico, revela varias realidades profundas. Por un lado, demuestra que las aguas de Alzola eran lo suficientemente conocidas como para formar parte de los debates de la hidrología internacional y figurar en tratados especializados. Por otro, pone de manifiesto hasta qué punto el prestigio de sus manantiales estaba ligado a una tradición local y a una lengua —el euskera— cuyo significado preciso era esencial para comprender su identidad.

Extracto de La Gazette des eaux, revue générale des établissements de l’Europe. Núm. 553 (05-11-1868)

Pero, sobre todo, esta historia nos recuerda algo fundamental: que el manantial de Alzola no solo ha sido un lugar de salud, sino también un lugar de conocimiento. Un manantial que, incluso a cientos de kilómetros de distancia, en los salones científicos de París, despertaba preguntas, discusiones y la voluntad de comprender mejor el origen y el valor de sus aguas.

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Alzola Basque Water
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